Aunque pasaron ya 10 años de la ‘despedida oficial’, Carina Arancibia (39 años) reproduce el momento con precisión: “Toda mi familia despidiéndome en el Aeropuerto Internacional de Rosario (en esa época salían vuelos para USA con conexión vía San Pablo) y una sensación dulce y amarga al mismo tiempo. Aunque en ese momento no me di cuenta de todo lo que dejaba atrás, de los seres queridos que no volvería a ver y de los muchos ‘momentos argentinos’ que iba a extrañar tanto después…

Me mudé a Manhattan en junio de 2001, apenas terminé mi residencia médica. ¿Por qué tanta ansiedad por cambiar de destino tan rápidamente? En Nueva York me esperaba quien ahora es mi esposo, a quien había conocido el año anterior mientras hacía una pasantía médica en un hospital de Estados Unidos”.

Pasa en el cine, pasa en la vida

“Las sensaciones que me generó el nuevo lugar fueron inolvidables e inigualables. Me gustaba todo lo que veía, y lo que hacía. No podía creer que yo era parte de esa sociedad donde todo era lindo… Hay que considerar que me había mudado a uno de los mejores barrios de Manhattan, que no estaba sola y que tampoco había urgencia por empezar a trabajar. La única urgencia era poder quedarme a vivir en este país que tanto me había capturado, ya que mi estadía como turista era sólo de 3 meses. Así que Geoff, que es nativo de Nueva York, me propuso matrimonio y nos casamos a fines de septiembre de 2001”.

Los unos, los otros y todos nosotros

“La verdad es que no tuve ningún tipo de problemas para adaptarme. Mis primeros amigos fueron conocidos a través de mi esposo, y después yo misma fui conociendo gente, algunos argentinos y luego me hice de mis propios amigos americanos, la mayoría a través de mi trabajo o de viajes.

Tampoco encontré trabas sociales o culturales, tal vez porque desde el principio me sentí como local, en parte porque tenía la ventaja real de estar viviendo con un local, y en parte también porque soy una persona sociable que se adapta fácilmente a diferentes circunstancias. Toda la gente que conocí fue excelente, cálida, amable y muy similar a la que estaba acostumbrada a tratar en Argentina, con valores humanos y familiares que no difieren de lo que nosotros conocemos.

El americano nace de una mezcla de diferentes culturas y muchas nacionalidades distintas, y al igual que en Argentina, los italianos tienen una presencia fuerte aquí, de manera que encuentro mucha similitud entre ellos y nosotros. Así que mi conclusión después de un tiempo fue que todos los seres humanos, en mayor medida, somos iguales. La única diferencia tal vez entre nosotros (los latinos) y ellos (los americanos) es que ellos son más pragmáticos y hacen todo con orientación a los resultados, mientras que nosotros los latinos pensamos las cosas mucho más y como consecuencia de eso tal vez no nos vaya tan bien en el campo de la política o la economía”.

Great city

“¿Qué puedo decir de Nueva York que no se haya dicho ya…? Como se suele repetir, es una ciudad que nunca duerme, totalmente cosmopolita, donde conviven muchísimas culturas diferentes y donde todo es posible. La caracteristica del neoyorkino es que siempre está apurado, nunca tiene tiempo para nada o  mejor dicho, no tiene paciencia. El neoyorkino dice lo que se le antoja, sin reparar en lo que el otro pueda pensar. Es muy directo, sin vueltas, y esto puede resultar chocante para muchos. Pero la mayoría de la gente es amable y todos me han recibido muy bien.

De esta ciudad me gusta todo, la siento como propia y no la cambiaría por ninguna otra del mundo”.

Del teléfono al skype

“Me genera muchísima nostalgia estar lejos. Extraño muchísimo a mi familia, en especial a mis sobrinitos Felipe e Ignacio, y por supuesto a los amigos. Al principio, cuando no tenía tantas responsabilidades laborales, viajaba  dos veces por año o me podía quedar 3 o 4 semanas, pero ahora se me hace difícil y voy sólo una vez al año.

A mí -que no me llevo muy bien con la tecnología informática- me tomó un poco más de tiempo utilizar los aparatos modernos para estar más comunicada. Por ejemplo, recién empecé a utilizar el skype y el facebook el año pasado… Y reconozco que son adictivos, pero me ayudan a estar conectada con los míos y sentirme más cerca. Antes de eso era el teléfono lo que me mantenía en contacto. Al principio hablaba casi todos los días con mi mamá o mi hermana y por supuesto siempre estaba y aún sigo comunicada vía e-mails con mi gente”.

Un poco de esperanza

“Yo creo que la Argentina, de a poco y muy despacio, va cambiando y para mejor. Lo noto cuando viajo, y como ahora lo hago más espaciadamente, siempre veo algún pequeño cambio positivo. Y creo que tiene que ver con tener gente más joven, gente de otras generaciones que está a cargo de ciertas responsabilidades como cargos públicos. Y la mentalidad es distinta a la de nuestros padres y abuelos. Para mí los problemas prioritarios que necesitan resolverse son, por un lado la inseguridad, la delincuencia en la calle, y la corrupción política por supuesto”.

Detrás del escritorio

“Aquí trabajo en el campo de la industria farmacéutica desde hace ya casi 8 años. Mi formación médica me permite ejercer mi ‘nueva profesión’ detrás de un escritorio, lo cual puede llegar a ser tan demandante y estresante como la terapia intensiva que conocí durante mi formación en Rosario, pero la diferencia es que al final del día vuelvo a casa y por lo general disfruto los fines de semana con mi esposo en vez de tener que estar de guardia en un hospital. Me gusta mucho lo que hago aquí, y a pesar de extrañar el trato con los pacientes y el hospital, mi trabajo aún está relacionado con ayudar a enfermos a través del lanzamiento de nuevas drogas necesarias para tratar enfermedades -ya que sin ellas serían mortales- y al mismo tiempo cuidando de la salud de los pacientes que se exponen a las nuevas drogas que están en investigación clínica”.

Entre dos mundos

“Por ahora no tengo planes de regresar a Argentina. Mi vida, mi esposo y mi trabajo están acá. Aunque siempre tengo la ‘fantasía’ de vivir paralelamente en ambos países una vez que no tenga que trabajar más o me jubile. Pero antes, volvería a Argentina para vivir temporariamente si es que sale una posibilidad laboral allá, aunque siempre regresaría a mi ciudad adoptiva después de un tiempo. Y por supuesto que esto es algo que tendría que ser bien pensado y hablado con mi esposo y ponernos de acuerdo mutualmente, ya que su trabajo esta acá en Estados Unidos”.

Fuente: Mi vida en New York

Fernando Domecq
Fernando Domecq

Mi nombre es Fernando y soy de Buenos Aires, actualmente resido en Fuengirola (Málaga). Me dedico al diseño y desarrollo web, aunque mi vida ha tenido varios vaivenes. Soy veterinario recibido en la UBA, y he dedicado gran parte de mi vida a la venta de pinturas industriales.

Desde 2014 ayudo a los argentinos que quieren vivir en el exterior a través de la página de facebook ARGENTINOS POR EMIGRAR.  Pero a partir del 2018, me dedico a ayudarlos desde este blog. Con el blog, intento contar mis experiencias y a alentarlos a que lo que un cambio de vida supone: libertad. Por eso me encanta facilitar este camino a otros.

Si querés conocer toda mi historia, será un placer contártela más al detalle.

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By |2019-04-13T14:29:28+00:0011.6.2018|País: Pasamos el año|Etiquetas: , , , , |