“No es difícil decidir emigrar cuando en tu bagaje de experiencias ya has sufrido inmigraciones: a los 4 años mis padres me llevaron a Australia y a los 8 años regresamos a Argentina. Por la alta capacidad de adaptación que tiene un niño, resulta una doble inmigración. Y si a eso le añadimos que soy nieta de inmigrante, resulté ser una buena candidata para Ezeiza”, se explica Florencia Moragas (38 años), rosarina expatriada en Valencia desde hace más de 8 años.

Florencia es profesora de biología. Actualmente trabaja en el área de la formación, dictando cursos de perfeccionamiento y empleándose en una consultora destinada a crear planes, programas y manuales formativos. En sus ratos libres y de forma independiente, lleva adelante varios blogs de diferentes temáticas y colabora con portales educativos on line.

Durante estos años, se ha dado el gusto de publicar varios libros breves de su autoría. Uno de ellos es “Diario de un inmigrante” (editado en 2006), donde según relata ella misma “describe la sociedad argentina y detalla los porqués de lo que yo denomino ser un autoexiliado”. Ya desde la introducción del libro, Florencia está dispuesta a manifestar con firmeza su desencuentro con la sociedad y la idiosincrasia argentinas: “Yo me he capacitado, he participado y he sido una ciudadana honesta y con principios; esto es algo normal en cualquier sociedad, en cambio en mi País es una gran hazaña. Aporté al sistema, me compré mi casa y me fui dejando un trabajo (que más de uno hubiese deseado) y ninguna deuda pendiente. Nadie puede decir que me quedé de brazos cruzados y no luché por mi País porque no fue así. Pero llega el momento en que hagas lo que hagas, digas lo que digas, no se llega al fondo del problema. Porque allí todos discutimos de todo, vamos a psicólogos, hacemos yoga y Tai-chi para lograr un equilibrio emocional en tanto caos; debatimos sobre política internacional, nos enojamos intentando cambiar el mundo en grandes debates y tertulias… pero es sólo una cortina de humo, a nadie le interesa cambiar nada en realidad porque así se está bien. Somos una sociedad ligera, superficial, carente de autocrítica. Hablamos de progresismo y vanguardia sólo porque está de moda”.

Valencia, la tierra elegida

“Valencia terminó por cautivarme: aire mediterráneo que moldea el carácter de sus habitantes, paisajes embriagadores, tradiciones, festividades.  Una ciudad que entremezcla con armonía su arquitectura histórica con su lado más vanguardista. Ha sido un amor a primera vista, pero ese amor resultó ser íntegro y perdurable, ya que luego de 4 años de trámites de adopción, esta tierra fértil de la huerta valenciana me regaló a mi hijo Kike de 22 meses, mi tesoro del mediterráneo.

Me costaría mucho volver a adaptarme a Rosario. Allí tengo mis raíces y seres queridos, que añoro siempre. Pero aquí está mi vida, mi trabajo, la educación de mi hijo, mi rutina, mis calles, mi gente”.

El motivo…

De su libro “Diario de un inmigrante”:

“Me fui de Argentina cansada de la ignorancia, soberbia, hipocresía y mediocridad de la sociedad que te ahoga y hagas lo que hagas por cambiarla, te hunde. Porque mi país en el fondo desea ser lo que es y no quiere oír hablar de cambios, de otras formas de vivir y entender el mundo, de pensar y sentir.

Asumí que ya no era más de allí y me vine a España…

Disfruto de España con intensidad. Su historia, cultura, gastronomía, su gente. Progresé mucho (más de lo que esperaba) en tan sólo 6 años, porque desde el principio supe lo que venía a buscar, lo que podía ofrecer a nivel personal y profesional. Encontré mi espacio porque primero observé, me identifiqué, aprendí sobre su historia, busqué ser parte e integrarme a la sociedad y su cultura, respetar las diferencias y principalmente vine con humildad, sin el chip violento de que somos los más listos, porque si así fuera no nos iría tan mal.

No voy a negar que se pasan momentos duros, muy duros, porque uno debe volver a construir su identidad. Es desarmarse para volver a unir todas las piezas de tu personalidad. Es ubicarse en otro contexto, otras calles, olores, sabores. Hasta cambia tu documento de identidad. Es un volver a nacer y construir tu yo actual sin dejar de lado tus raíces, tu pasado y vivencias que te hicieron ser quien eres.

Es volver a luchar por tu espacio cuando en tu País lo tenías por herencia cultural. Volver a armar tu casa, tu rutina, encontrar tu espacio personal y profesional. Por momentos te surgen dudas porque no te has ido con una mano detrás y otra delante, ni has cruzado en patera. Has dejado empleo, casa, pertenencias, familia, amigos. Pasaste a ser historia y tu pasado una foto estática.

Un océano separa tu realidad de quienes amas y sólo te vincula la fuerza del cariño. Duele y hay que ser muy fuerte”.

La diferencia…

“Pero la diferencia de luchar en Argentina y España radica en el horizonte, en los recursos con los que llegas y el valor añadido que ofreces a la nueva sociedad de la que quieres formar parte. Es tal tu afán de superación y te han puesto en tu tierra tantos palos en la rueda que te convierten en un superviviente”.

Lo positivo de ser argentino…

“…es que aprendes a vivir con pasión, tal vez tengas que residir lo más lejos posible para ser feliz y vivir en armonía. Pero tus amigos te apoyarán siempre desde la distancia y a pesar del paso del tiempo que nos cambia y modela, porque tus amigos al igual que uno, son víctimas del macabro sistema político y social

argentino, que mejora un poco en algunos sectores, pero nunca cambia. Ellos te llenan de energía y te ayudan a seguir adelante, porque el sentido de la amistad genuina tal vez sea lo único que te deja algo para seguir adelante.

Otra capacidad que te da el ser argentino es la supervivencia: aprendes rápido, aceptas cualquier desafío.

Además la inmigración -seas de donde seas, vengas de donde vengas- te abre la mente, te hace más tolerante frente a lo desconocido, frente a tus propios prejuicios y preconceptos. Te enseña a nunca decir ‘de esta agua no he de beber’, porque las propias circunstancias o necesidades te obligan a agachar la cabeza para poder comer. Te sientes indefenso, carente de parámetros, perdido, y te encuentras con gente que lo está más que tú y agradeces a Dios la suerte que has tenido”.

Más crítico y menos crédulo…

“El venir de otro lugar te hace más crítico, menos crédulo, has visto demasiado para creerte las chorradas que dicen los medios de comunicación y algunas personas. Notas más rápido las carencias de la sociedad, el porqué del consumismo y lo que encubre, percibes las trampas y los cebos del sistema con rapidez.

Te hace más fuerte, más decidido, te crea más confianza en ti mismo. Entiendes un poco mejor el mundo desde tu experiencia y no desde lo que te cuentan. No eres de allí ni de aquí, pero lo eres de todas formas. Te conviertes en ciudadano del mundo. Has visto y sentido en carne propia diferentes realidades y comprendes que somos todos (del primer o tercer mundo) títeres del mismo titiritero sin rostro y que la clave para dominarnos radica en mantenernos separados y enemistados unos de otros”.

Fuente: Cautivada por Valencia

Fernando Domecq
Fernando Domecq

Mi nombre es Fernando y soy de Buenos Aires, actualmente resido en Fuengirola (Málaga). Me dedico al diseño y desarrollo web, aunque mi vida ha tenido varios vaivenes. Soy veterinario recibido en la UBA, y he dedicado gran parte de mi vida a la venta de pinturas industriales.

Desde 2014 ayudo a los argentinos que quieren vivir en el exterior a través de la página de facebook ARGENTINOS POR EMIGRAR.  Pero a partir del 2018, me dedico a ayudarlos desde este blog. Con el blog, intento contar mis experiencias y a alentarlos a que lo que un cambio de vida supone: libertad. Por eso me encanta facilitar este camino a otros.

Si querés conocer toda mi historia, será un placer contártela más al detalle.

Quieres conocer más historias de argentinos en el exterior?

Suscríbete a nuestra newsletter

  • Este campo es un campo de validación y debe quedar sin cambios.

By |2018-12-04T08:16:48+00:0024.9.2017|País: Pasamos el año|Etiquetas: , , |