Carolina emigró a fines de 2013, un 8 de diciembre al que dejó de celebrarlo como el Día de la Virgen para llamarlo el dia del emigrado. Se fue a Bogotá con tres chicos, uno de ellos de 10 meses siguiendo la promoción de su marido dentro de la misma empresa. Aquí en esta nota, nos plasma su visión y pensamientos de cómo es ser un emigrante, sus realidades y sentimientos.

Elegimos el cambio porque habíamos pasado por dos procesos fallidos de traslado a Miami, y estábamos llenos de deudas y sin demasiado horizonte feliz. Muchas cosas no salieron como esperábamos pero acá seguimos, en un nuevo proyecto, agradecidos de la tierra que nos recibió y nos regaló esta oportunidad.

Existen varias razones por las que una persona, o un grupo de ellas, deciden dejar su país en busca de nuevas oportunidades. Una buena oferta en otro lado, el traslado dentro de una compañia, la posibilidad de disfrutar de una beca, la necesidad de conocer una cultura nueva, o la más común entre los argentinos, proyectar fuera de casa mejores perspectivas de futuro.

Dicen que es parte de nuestro ADN, son contados los que no tienen alguna historia en su familia, o en la familia de alguien cercano, donde un hoy abuelito o bisabuelo se montó en un buque, cruzó el océano bien lejos del camarote principal y se aventuró a “Hacerse la América”.

Claro, aquellas condiciones eran distintas, posiblemente ese (por lo general) europeo tenía menos recursos que vos, con suerte había ido algunos años a la escuela, de pronto huía de una guerra, pero, como quién traza un puente entre él y vos, el camino que los une es la necesidad de encontrar un lugar donde las posibilidades de crecimiento sean más reales que las opuestas.

Donde de pronto la seguridad no es una utopía, donde algunas cosas todavía siguen siendo como lo fueron en casa hace 50 años atrás, quizás costumbres, quizás valores, y ¿por qué no? tus dos pesos con cincuenta ahorrados con pasión, siguen comprando lo mismo con el paso de los meses.

En este caso,  lo más saludable, es no idealizar. Eso sería separarse de la realidad de una forma obscena, y lo que quizás vas a tener cuando te vayas de casa es justamente realidad en dosis extremas.

En Argentina es común sentir que si no te gusta mejor andate,  pero créeme que el mundo está lleno de personas donde el país que a vos te asfixia, para ellos podría ser exactamente el ideal de paraíso.

El primer postulado sería entonces entender que no hay nada de glamour en emigrar.

Ni para Messi que puede hacer y deshacer a antojo. Somos un tango con patas y el matecito en el patio de la casa de la vieja en el único lugar que funciona en todos sus beneficios, es precisamente ahi.

Tené en cuenta que:

Emigrar no es sacarte un pasaje, porque de afiebrado te diste cuenta que Argentina es una trampa y que la vida es una sola. Es una decisión para que tomes con madurez, y sacándote las dudas concretas. Preguntá mucho, imaginá principalmente que sería para vos la incomodidad, y fundamental no escapes obviando lo importante, que cada cosa atractiva del plan, siempre tiene un lado b.

Nunca hay “razón” suficiente para la familia. Te van a extrañar, van a odiar que te vayas con cada fibra aunque entiendan que no podes más de deudas, y puede que te quieran trasladar culpa y miedos y eso es normal. Si ellos no lo hicieron o no lo harian, mucho más normal. Por eso es importante que comuniques tu intención una vez que sea un hecho consumado, no antes. Si no, a tus miedos le vas a sumar su ansiedad. No digo andar necesariamente escondiendo cosas; pero para el que se queda muchas veces todo esto puede sonarle a un capricho egoísta y posiblemente no lo comprenda.

No hay país fácil o mejor. En la desesperación por encontrar un mejor futuro, o simplemente las oportunidades que en casa se ven truncas, ves el nido nuevo e idealizás. Uno termina pensando, como reza la canción,  que el pasto es más verde del otro lado y es justamente donde la vas a pifiar feo. Cada país tiene su idiosincracia y eso lo vas a poder medir con tu cultura, con tu resilencia y con tu energía residual. Y con todo eso tu nuevo lugar se va a hacer un sandwich. Cuando ya lleves tiempo fuera, vas a comprender que la injusticia y el gran dolor del emigrado es la certeza que nunca va a haber nada mejor que casa, aunque allí no se pueda estar.

Siempre extrañarás. La comida, la forma de expresar una idea, los amigos, la radio o la tele, las estaciones del tiempo, la vista al río o a  los cerros o a lo que sea que mire tu cuadra. La carne -por Dios- la carne, el vinito, la tienditas donde comprabas y te conocían de pibe. Se desdibuja el suelo sobre el que pisas y se configura uno nuevo. El secreto es que de a poco el espacio huésped te brinda cosas de las que “apropiarte” y luego en tu cabeza y en tu corazón, van a convivir ambos espacios con significativa preponderancia.

Nada queda congelado en Ezeiza. Uno fantasea con que todo lo que dejó, está tal cual, como cuando se va de la casa de los viejos y por respeto no le desarman el cuarto inmediatamente. La gente sigue con su vida, crece, se reproduce, mejora, empeora, celebra, emigra a otras partes y muere.

Vas a perder tu zona de confort. Emigrar implica ser de afuera, con lo bueno y con lo malo. No vas a encontrar las cosas en el super, no va a saber igual el café, no te va a gustar algún postre. No te van a responder igual, los tramites se te van a acumular para no perder la regularidad y probablemente durante mucho tiempo tengas que rendir el examen que valide tu derecho de piso. Para que no te caguen los taxistas, para que te dejen opinar de política, para que te incluyan en el nuevo círculo.

Tus relaciones van a pasar por un cernidor. No todas las relaciones se bancan la distancia. Algunos justificarán con eso dejarte afuera de su cotidianidad y otros harán con ello una fortaleza y te mantendrán en red constante. El filtro de verdad lo pasan los que valen la pena, así que tranquilo,  que de algún modo te permite saber con quienes siempre vas a poder contar.

Siempre sabes cuando te vas, nunca cuando volvés. Eso puede ser enloquecedor por ratos o generarte de pronto angustia. Especialmente si las cosas no van del todo bien.Tranqui, ya cuenta el dicho popular que siempre se puede volver a casa.

Tendrás que pelarte el toto. Quizás más que en casa. Quizás más que nunca. Quizás forever. Aquí entra el factor de la ventaja del país que te recibe. Contar con un poco de estabilidad económica y proyección a mediano o largo plazo, suelen ser las recompensas del esfuerzo.

Esta experiencia te va a cambiar para siempre. Te va a enriquecer en el mejor de los sentidos. Te va a conectar con tus fortalezas, inclusive con las que ni sabes que tenés. Te va a dar nuevos amigos y acceso a una nueva oportunidad que no todos tienen la suerte de tentar.

Es importante que te informes. No te guíes por modas, hay países con grandes oportunidades que no son tan “famosos” ni tan requeridos y literalmente necesitan gente. Siempre pensate en un escenario que no sea el cómodo, es lo menos frecuente, toda la salsa que hace que el plato tenga gusto, está en el recorrido y no en la foto final.

Y confiá! Confíá, porque animarse y saltar siempre va a ser mejor que quedarse con la duda!

CA. Febrero 2019.

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Fernando Domecq
Fernando Domecq

Mi nombre es Fernando y soy de Buenos Aires, actualmente resido en Fuengirola (Málaga). Me dedico al diseño y desarrollo web, aunque mi vida ha tenido varios vaivenes. Soy veterinario recibido en la UBA, y he dedicado gran parte de mi vida a la venta de pinturas industriales.

Desde 2014 ayudo a los argentinos que quieren vivir en el exterior a través de la página de facebook ARGENTINOS POR EMIGRAR.  Pero a partir del 2018, me dedico a ayudarlos desde este blog. Con el blog, intento contar mis experiencias y a alentarlos a que lo que un cambio de vida supone: libertad. Por eso me encanta facilitar este camino a otros.

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By |2019-04-13T11:09:56+00:008.3.2019|País: Ya establecidos|Etiquetas: , , |